Como nuestro pasado no para de cambiar. MEMORIA Y EMOCIONES.

La concepción tradicional de los procesos de memoria se asemejaba a un archivo en el que están guardados nuestros recuerdos, podíamos acudir al índice y solicitar el acceso a determinados episodios. Sin embargo, la perspectiva actual afirma que cada vez que recuperamos determinados contenidos estamos reescribiendo y alterando esos contenidos, que no es posible rememorar como si buscáramos archivos en un ordenador, que nuestro presente condiciona enteramente nuestro pasado, que lo que hemos vivido no para de cambiar.

Una idea convencional acerca de la memoria es que se trata de algo similar a un inmenso archivo en nuestro cerebro al que podemos acceder cuando deseemos. Y que en la medida de nuestras capacidades podemos traer al presente con mayor o menor detalle un determinado evento del pasado. Por ejemplo, quiero recordar el día de mi primera comunión. Puedo pararme unos segundos y traer imágenes, sensaciones o sonidos de aquel día. Al tirar del hilo van surgiendo más datos con lo que recomponer aquel suceso. Sin embargo, la neurociencia y psicología actuales no avalan esta versión. Esto puede suceder así con un ordenador en el que accedemos a determinados archivos, textos, fotos o música y en el que basta apretar un botón para que podamos reproducir su contenido,  pero no en nuestro cerebro.

El origen de la palabra recordar concuerda hermosamente con la actual perspectiva científica sobre los procesos de memoria. Recordar, rememorar, resentir, revivir, re… En un diccionario etimológico podemos leer que  la palabra recordar: “Está formado por re (volver a pasar) y cordis (corazón), <<volver a pasar por el corazón>>”.

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Recordar no es sacar viejos documentos de un cajón, ni leer un relato previamente  archivado y clasificado, tampoco es contemplar una película documental y objetiva de lo sucedido, lo que recordamos está enteramente condicionado por el momento presente. El recuerdo depende de mi corazón ahora. Las emociones juegan un importante papel en el proceso de recuerdo. Esta influencia puede dividirse en tres niveles.

  • En un primer nivel, la intensidad y la cualidad de nuestra emoción, esto es si era agradable o desagradable, si se trataba de tristeza, alegría, vergüenza o miedo, va a determinar el modo en que nuestros recuerdos son adquiridos. En otras palabras, la emoción que vivimos influye en cómo se produce la “grabación” del recuerdo.
  • En un segundo nivel, nuestro estado emocional en el momento en el que estamos recordando va a determinar la información que va a ser recuperada. No recordamos lo mismo estando tristes o deprimidos que estando alegres, expansivos y pletóricos.
  • Y en un tercer nivel, cada vez que recordamos algo, el recuerdo es re-escrito. No existe una película a la que accedemos de vez en cuando y podemos guardar intacta cada vez que la visionamos. Siguiendo con la metáfora, volver a ver la película es volver a filmarla, por lo que lo guardado es una nueva versión. De este modo, nuestros recuerdos están en permanente transformación. Poéticamente, podríamos afirmar que nuestro pasado no para de cambiar.

Primer nivel: emociones y adquisición de recuerdos.

Como hemos comentado,  la emoción que estamos viviendo cuando los sucesos están teniendo lugar juega un importante papel. Vivencias de alta intensidad emocional pueden llegar incluso a borrar la  memoria episódica y narrativa de lo vivido, no así la memoria emocional y corporal. Esto es lo que puede suceder en circunstancias traumáticas, como violaciones tempranas o súbitas tragedias o accidentes. Los afectados pueden haber olvidado los hechos, pero sus  cuerpos y sus emociones siguen reaccionando al dolor y el trauma, condicionando la calidad de sus vidas. Estos casos son un ejemplo radical de la influencia de la intensidad emocional en el proceso de lo que podríamos llamar “grabación” de la memoria.  Pero de forma más sutil, está influencia es permanente. No puedo recordar igual un evento emocionalmente anodino, como un partido cualquiera de baloncesto una tarde cualquiera durante la infancia, que otro emocionalmente activo. Por ejemplo un día en el que no es que pasara algo realmente especial, pero que por algún motivo me sentía más presente en el partido, contento, conectado, pasándomelo realmente bien. O bien ese otro día en el que jugaba frustrado, cansado o algo triste.

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También la cualidad de la emoción va influir en la manera en que guardo determinados hechos. El niño que va al examen aterrado por las posibles consecuencias de un suspenso no va adquirir el mismo tipo de recuerdos que aquel que va  indiferente o el que acude ansiosamente alegre. No se “graba” del mismo modo un episodio triste, que uno alegre. Diríamos que no podemos hacer documentales hiperrealistas, sino obras de autor muy condicionadas por nuestro estado de ánimo y nuestra visión del mundo.

Si a alguien le aterroriza volar en avión, toda su atención está centrada en posibles señales de alarma: ruidos sospechosos, posibles comportamientos extraños del personal de vuelo, y también en sus propias sensaciones que trata inútilmente de controlar, como sudoración, palpitaciones, etc. De este modo, el miedo va a determinar la información grabada y el filtro emocional con el que va a hacerse, también el ritmo y la intensidad. Siguiendo el símil cinematográfico, estaría filmando algo parecido a una película de terror y suspense. No será lo mismo para quien toma su primer vuelo con la ilusión de ver las nubes desde arriba y experimentar algo nuevo, sus sentidos estarán abiertos, sus palpitaciones  serán de descubrimiento y regocijo. Estará filmando algo parecido a una película motivacional o a un anuncio.

Segundo nivel: emoción y recuperación de recuerdos.

Este segundo nivel de influencia indica que no recordamos del mismo modo un día en el que estamos deprimidos, frustrados, en el que nos cuesta encontrar sentido y propósito a nuestras vidas, que un día en el que estamos optimistas, alegres, deseosos  de compartir y disfrutar la vida con todos, rebosantes de energía. Quien siente tristeza tiende a recuperar espontáneamente recuerdos concordantes con su tristeza. Así, quien teme tiende a encontrar más motivos en su memoria para seguir temiendo. SI estamos enfadados con alguien lo que acude a nuestra memoria suelen ser más motivos para estar enfadados con esa persona. Es difícil recordar y revivir la luna de miel o los momentos de ternura y comprensión de nuestras parejas cuando estamos realmente rabiosos y enfadados con ellos.

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Tercer nivel: reescribiendo lo vivido.

En un tercer nivel, mi estado de ánimo no sólo  va a influir en el tipo de información que voy a recuperar, sino que a la vez va a alterar dicha información. Cada vez que recupero una determinada información estoy reescribiendo sobre ella. Este es uno de los datos más reveladores y curiosos  de esta nueva (o recuperada) perspectiva sobre la memoria por la ciencia actual. Es importante  darse cuenta de que todo lo que traiga al recuerdo, todo lo que vuelva a pasar por mi corazón será rescrito, modificado, enriquecido por el estado de mi corazón ahora. Cuanto más recuerde un suceso más profundo y enriquecido serán su espacio y su sustancia. Por ejemplo, he recordado decenas de veces como jugaba en la puerta de la guardería mientras esperaba a mi madre que me recogiera. Si presto una especial atención, cuando vuelvo a pasarlo por mi corazón ahora, puedo contemplar los diferentes niveles, como estratos geológicos sedimentados, que cada nuevo paso por mi presente ha dejado en él. Lo he recordado con alegría, con nostalgia, con tristeza, con tensión, con serenidad. Todo eso está en ese recuerdo. El recuerdo objetivo de un niño que aguarda jugando no existe. Existe la una versión decenas de veces reescrita. Las distintas visiones del mundo que han convivido y conviven en mí están también en ese recuerdo. No puedo acceder a ese niño en la puerta de la guardería como si accediera a un documental de la sabana africana. Lo que revivo cuando lo recuerdo es la suma de toda mi experiencia física, emocional y cognitiva, de todas mis vivencias hasta hoy.

Algunas consecuencias de la nueva perspectiva

Si contemplamos todo lo anterior, no existe un pasado objetivo del que somos fatal y trágicamente herederos. Momento a momento no sólo condicionamos nuestro futuro dando pasos en tal o cual dirección, sembrando determinadas causas que darán determinados frutos, sino que también estamos reescribiendo nuestro pasado, “viajando en el tiempo”, modificando lo vivido. Quienes somos no es la suma de unos determinados hechos objetivos. Nuestra experiencia es por definición subjetiva. Nos hacemos momento a momento, en un proceso de constante e incesante transformación. De alguna manera, somos cambio. Ser conscientes de esto supone abrir una puerta de acceso a la libertad real y a un bienestar profundo.