Sentir el cuerpo. Alexander Lowen.

Alexander Lowen (1910 – 2008) fue un psicoterapeuta estadounidense, creador de la Bioenergética. Estudiante de Wilhelm Reich, desarrolló el Análisis Bioenergético junto a John Pierrakos y fundó el Instituto Internacional de Análisis Bioenergético (IIBA).

Las perspectivas y penetraciones derivadas de su trabajo clínico han modificado la comprensión psiquiátrica moderna y la actual práctica de la psicoterapia. Asimismo, su trabajo ha inspirado modalidades de la psicoterapia del cuerpo, tales como ejercicios de liberación del trauma (TRE) o biosíntesis, entre otros. www.lowenfoundation.org

 Sentir el cuerpo.

La persona solo puede sentir su cuerpo. Uno no es capaz de sentir el entorno excepto a través de su efecto en el cuerpo. En realidad, uno siente cómo su cuerpo reacciona al entorno o a los objetos externos y proyecta la percepción de esta sensación sobre el estímulo. Así, cuando siento que tu mano es cálida al posarla en mi brazo, lo que estoy sintiendo es el calor de mi cuerpo al ser afectado por tu mano. Todas nuestras sensaciones son percepciones corporales. Cuánto sentimos y con qué profundidad lo hacemos depende de la percepción que tengamos de nosotros mismos. La percepción de uno mismo significa una percepción del cuerpo. El individuo que tiene percepción de sí mismo está en contacto con su cuerpo. Siente lo que ocurre en cada parte de él; está, en otras palabras, en contacto consigo mismo. Siente el flujo de la sensación en su cuerpo asociada con la respiración, es decir, tiene una corriente de sensaciones que lo recorre. Pero también siente sus tensiones y constricciones, porque nadie está libre de sentirlas.

La persona que carece de autopercepción se siente cohibida porque también ella es vagamente consciente de que se le escapa algo que no entiende. Se siente torpe e inquieta y su autocontrol tiende a disminuir aunque quizá haga todos los esfuerzos conscientes a su alcance para ocultar esta vaga percepción de sí misma. En el individuo que se ignora hay áreas del cuerpo que no siente, y que, por tanto, no existen en su conciencia. Por ejemplo, la gente suele no ser consciente de la expresión de su rostro. No saben si parecen tristes, enfadados o hastiados. Algunas caras tienen una expresión de dolor tan evidente que al observador le sorprende que la persona no se dé cuenta. Otras zonas del cuerpo de las que la gente no suele ser consciente son las piernas, las nalgas, la espalda y los hombros. Todo el mundo sabe que tiene piernas, nalgas, espalda y hombros, pero no los siente como partes vivas del cuerpo.

… Quien no es consciente de sí mismo también está aturdido. Su imagen de sí mismo no coincide con la que presenta a los demás y su aceptación ingenua de esta imagen le deja expuesto a reacciones inesperadas. A quien cree presentar una apariencia varonil, porque su pecho está henchido, le sorprende enterarse de que otros puedan ver esto como una pose. Del mismo modo, se deja engañar fácilmente por las poses y fachadas que adoptan quienes le rodean. Uno solo conoce a los demás en la medida en que se conoce a sí mismo, y únicamente en la medida en que uno se siente a sí mismo como persona puede preocuparse por los demás. La tensión muscular crónica da lugar a la pérdida de la percepción de sí mismo. Esta tensión difiere de las tensiones normales de la vida en el hecho de que es una espasticidad muscular inconsciente, persistente, que se ha vuelto parte de la estructura corporal o forma de ser. Debido a esto la persona no se da cuenta de que tiene esas tensiones crónicas hasta que empiezan a causarle dolor. Cuando esto sucede puede que sienta la tensión subyacente pero no es consciente de lo que significa ni de por qué se desarrolló. Y es completamente incapaz de hacer algo que alivie la tensión. Sin embargo, en la ausencia de dolor, la mayoría de la gente ignora por completo su postura corporal o su forma de moverse. Se siente cómoda en sus actitudes estructuradas sin ser consciente de las limitaciones que estas actitudes le imponen a su potencial de vivir.

Un músculo solo se tensa bajo el estrés. Cuando está suelto, el cuerpo no siente la tensión. Hay dos tipos de estrés: físico y emocional. Cargar un peso pesado es un estrés físico, como lo es la continuación de un movimiento o actividad cuando el músculo está cansado. La persona siente el dolor de la tensión y detiene la actividad o suelta el peso. Sin embargo, si no hay ninguna manera de eliminar el estrés, el músculo sufrirá un espasmo. El estrés emocional es exactamente igual que el físico: los músculos se cargan de un sentimiento que no pueden soltar. Se contraen para sujetar o contener el sentimiento igual que hacen para cargar un peso y si el sentimiento persiste lo suficiente, el músculo sufrirá un espasmo al no poder librarse de la tensión.

Cualquier emoción que no puede liberarse es un estrés para la musculatura. Esto es cierto porque una emoción es una carga que pugna por salir para soltarse. Unos cuantos ejemplos ilustrarán estas ideas. La tristeza o los sentimientos de dolor se descargan a través del llanto. Si el llanto se inhibe debido a las objeciones paternales o a otras razones, los músculos que normalmente reaccionan al llorar se ponen tensos. Estos músculos son los de la boca, la garganta, el pecho y el abdomen. Si el sentimiento que no puede soltarse es de ira, los músculos de la espalda y de los hombros se tensan. Los impulsos inhibidos de morder provocan tensiones en la mandíbula; los impulsos inhibidos de dar patadas, tensiones en las piernas. La correlación entre la tensión y la inhibición del músculo es tan exacta que es posible señalar qué impulsos o sentimientos están inhibidos en una persona a partir del estudio de sus tensiones musculares.

En lo que respecta a la musculatura, hay poca diferencia entre estrés interno y externo. Ambos ponen al músculo en tensión. El estrés físico es generalmente consciente y tiende a ser de duración más corta que el emocional, que a menudo es inconsciente y tiende a persistir.

Cuando un músculo sufre un espasmo, se contrae y permanece contraído hasta que desaparece el estrés. Descubrirás que esto es así en el caso de un calambre en la pierna, por ejemplo. Para que el calambre desaparezca, tienes que cambiar de posición y mover el músculo afectado. Sin embargo, un calambre es una tensión muy aguda que no permite alternativas. Las tensiones que surgen a través de la inhibición son tensiones crónicas que se desarrollan lentamente, mediante experiencias repetidas, y de una forma tan disimulada que uno no suele ser consciente de su existencia. Y aunque lo fuera, no sabría cómo liberarlas. Tiene que aguantarlas, y la única manera de aguantar una tensión es olvidarla.
Como la mente y el cuerpo son uno, el inconsciente debe tener un significado físico. El inconsciente es esa parte del cuerpo que no se percibe. Es importante saber que un nervio y su músculo forman una unidad fundamental. Cuando un músculo está crónicamente contraído, su nervio efector se aísla del sistema nervioso global en lo que concierne a los movimientos voluntarios. La represión de un sentimiento se produce cuando el músculo cargado con ese sentimiento es apartado de la conciencia por la tensión crónica y el nervio que pertenece a ese músculo se aísla de la red nerviosa. Por ejemplo, se reprimen las experiencias traumáticas de aprendizaje del control de esfínteres en aquellos que no son conscientes de sus tensiones anales.

… El primer paso para restaurar la percepción de uno mismo es ser consciente de la tensión. Esto se logra poniendo a alguien en posiciones en las que sienta sus tensiones. .. Cuando una persona ha establecido algún contacto con las áreas entumecidas de su cuerpo, está en posición de liberar las tensiones crónicas que subyacen bajo ese entumecimiento.

Un músculo relajado es un músculo cargado de energía. Es como un arma cargada lista para disparar. El gatillo que descarga el músculo es un impulso de su nervio efector, que produce una contracción que se traduce en movimiento. Un músculo contraído no puede moverse hasta que se recargue de nueva energía. Esta energía llega al músculo en forma de oxígeno y azúcar.

Sin un suministro de energía adicional, es imposible soltar los músculos contraídos. El factor importante en este proceso es el oxígeno, ya que sin el suficiente oxígeno, el proceso metabólico del músculo se detiene. Este hecho señala la importancia de la respiración para la relajación y para eliminar la represión. Cuando la respiración de un paciente se vuelve más profunda, sus músculos tensos entran en vibración espontánea como un muelle soltado tras estar en tensión.

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Este texto es un extracto del libro “La Voz del Cuerpo. El papel del cuerpo en psicoterapia”. Editorial SIRIO. 2014.

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