8 errores del sistema educativo tradicional. Roger Schank y el método de aprender haciendo.

Roger Shanck: “El sistema educativo, en lugar de formar, deforma”.

Esta entrada trata de introducir el pensamiento y las prácticas pedagógicas de Roger Schank. Con varios años de experiencia como investigador en inteligencia artificial y docente, afirma que fue espacialmente al observar la educación que recibían sus nietos cuando comprendió que nuestra sociedad enseña las materias equivocadas con la metodología equivocada. Nuestra educación se basa en hablar y hablar sin cesar y los niños pequeños no se caracterizan por una alta eficiencia como oyentes. Diríamos que escuchar no es su fuerte, sin embargo sí lo es imitar y hacer. En general esto pasa a cualquier edad. Además solemos prestar atención cuando algo nos entretiene, no por el mero mandato de aprender, acaso `puedan obligarnos a hacerlo las calificaciones y lo que éstas implican para nuestras vidas, pero no un genuino interés de escuchar. Así, el sistema educativo, según Schank, lejos de formar, se encarga de deformar a los/as estudiantes.

Se afirma de él que dedicado a investigar cómo aprenden los ordenadores descubrió los errores de nuestros sistemas para educar a las personas. Desde entonces se dedica a innovar las metodologías pedagógicas adaptándolas a la práctica, la experimentación y el aprendizaje experiencial del alumnado basado en casos reales.

Roger Schank ha sido contratado por La Salle para para elaborar programas basados en su metología pedagógica

Errores fundamentales de nuestros sistemas educativos.

Para Schank, uno de los grandes problemas de le educación tradicional es el cúmulo de supuestos erróneos que los/as maestros/as tiene acerca de su relación con los alumnos/as. En esta lista invita a docentes y educadores/as a hacer un ejercicio de autoconocimiento para identificar cuáles de estos posibles errores forman parte de su estilo como profesionales. Conocer las posibles faltas en nuestra manera de trabajar es el primer paso para mejorar nuestra labor.

Algunos de estos errores son herencia directa del sistema educativo y es difícil para los profesionales zafarse de los mismos en la rutina cotidiana de sus centros de trabajo. Otros obedecen a una perspectiva más personal acerca de la educación. Pero todos ellos ofrecen la posibilidad de ser subsanados y reemplazados por visiones más constructivas acerca de la relación con el alumnado.

Asumir que hay otro tipo de enseñanza, además de aprender actuando.

Este error es la crítica fundamental de Schank a nuestros sistemas educativos tradicionales. Desde su perspectiva pedagógica el único aprendizaje posible implica hacer. Todo sistema que se sostenga sobre algo distinto de aprender de la propia experiencia está abocado al fracaso educativo.

Cuando Schank realiza esta afirmación no se refiere a la imposibilidad de acceder y memorizar nuevos datos, sino a la de aprender y refinar procesos cognoscitivos. Por supuesto, admite, un estudiante puede aprender datos y aseveraciones sobre la vida y personalidad de George Washington. Podría aprenderlo mediante investigación histórica, pero también por el mero hecho de que se lo dicen. El aspecto formal de nuestro sistema educativo es el del profesorado delante de una clase explicado cosas mediante una charla. Este aspecto formal es el reflejo de un sistema basado en las materias y no en los procesos cognoscitivos que permiten al estudiante la adquisición de nuevos conocimientos.

Estos procesos son varios y pueden conceptualizarse de diversas maneras. Como ejemplo de los citados por Schank podemos mencionar: la capacidad de predecir, de crear modelos, de experimentar y replantear e función del éxito o el fracaso, la capacidad para evaluar, de diagnosticar una situación compleja identificado los factores relevantes, de generar explicaciones causales, de planificar, de elaborar juicios objetivos, etc. O procesos cognoscitivos sociales como los de influencia, el trabajo en equipo o la negociación.

Madres y padres no se colocan delante de sus hijos/as a enseñarles algo, sin embargo el aprendizaje es continuo. Las familias proveen de contextos para el aprendizaje mediante la propia experiencia y con ello estimulan, generan y refinan los procesos cognoscitivos de los/as niños/as. Estos procesos no son alterables mediante meras palabras. Y nuestros sistemas educativos están repletos de palabras, palabras y palabras.
Pensar que los estudiantes creen que es verdad lo que se les dice.

Además, los estudiantes no escuchan al profesorado como fervorosos creyentes en una lectura bíblica. Decir “X” como si fuera verdad no implica que los/as estudiantes identifiquen “X” como verdad. Sólo descubriéndolo en la práctica, haciéndolo, equivocándose, rehaciendo, debatiendo, discutiendo con otros su veracidad, etc. pueden llegar a asimilar que “x” es cierto. Un estudiante concebido como ser pasivo que escucha no aprende nada, no tiene la oportunidad para ello, pero como un ser activo que hace, que está implicado activamente en experimentar él mismo el conocimiento sí.

Libro, Aburrido, Universidad, La Educación, Mujeres

Creer que la tarea del profesor es evaluar

En nuestras escuelas enseñar y evaluar son dos acciones inextricablemente unidas. Son los profesores los que enseñan, realizan exámenes y hacen promocionar de nivel. Satisfacer al profesor en ese propósito se convierte en la meta de los estudiantes. Si deseamos evaluar deberíamos despojar al profesorado de esa doble labor, ellos enseñan y otros evalúan. Los profesores deben acompañar a su alumnos/as adonde quieren ir. Los padres juzgan lo bien que sus hijos andan o hablan, pero los hijos no sienten ningún tipo de necesidad de superar un examen.

Pensar que hay algo que todos deben saber para poder avanzar.

Es normal que un profesor diga: “esto es la base de todo lo que sigue, sin esta base no se puede avanzar en mi materia”. Así, a algunos niños les falta base de inglés, a otros e matemáticas, a otros de física, etc. Esto forma parte de otro error clásico: enseñar primero la teoría y luego la práctica. Puedes estudiar un alto porcentaje de informática sin aprender a programar, pero sí una gran cantidad de demostraciones matemáticas. Del mismo modo, un estudiante de medicina puede avanzar largo tiempo en su carrera académica estudiando una cantidad monumental de química orgánica.

Esto puede obedecer a varios motivos. Ese conocimiento otorga poder al profesor, lo que da comodidad. ¿A quién no le gusta sentirse cómodo? La teoría es más fácilmente evaluable que la práctica y toda la educación se basa en la evaluación.

Podemos olvidar toda la teoría tras un examen y no importa demasiado. Hay libros interminables sobre lo que el alumnado de tercero de primaria ha de saber. La justificación para un alumno aprenda a leer correctamente es la adquisición de datos. Sin embargo, hay un error cognoscitivo fundamental, es mejor hacerles leer sobre lo que ya conocen y gradualmente ir implementado áreas de conocimiento novedosas relacionadas con las primeras. La lectura se aprende en un contexto determinado y es más natural. Esta era una de las bases de los programas de alfabetización de Freire.

Así que la regla sería: primero la práctica y luego la teoría. Así todos estamos más contentos. .

Pensar que a los/as estudiantes no les preocupa el objetivo de lo que se les enseña.

“¿Y esto para qué sirve?” Quién no se ha formulado esa cuestión como alumno/a. ¿Cuántas veces ha recibido una respuesta cabal y sincera? Estudiamos las mismas materias que se en Harvard en 1892. Puede que esa sea la respuesta real a la pregunta. Estudias estas lecciones porque eran importantes para personas de hace dos siglos. Suelen decir: “Lo necesitarás más tarde” y los años nos demuestran que enorme mentira piadosa era esta Esa sería la regla: sinceramente, si el profesor no encuentra razones para enseñar lo que enseña, razones auténticas, debería dejar de enseñar esa materia.

Pensar que el estudio puede reemplazar la práctica repetida como técnica esencial del aprendizaje.

Si los deberes en casa implican practicar ayudaran al aprendizaje tendrían cierto sentido. Pero esos deberes son extremadamente raros. EL niño ve ocupado su tiempo por una labor inútil, a no ser que su objetivo no sea aprender, sino obtener buenas calificaciones. Nuestra sociedad se basan en gran medida en un objetivo: que nuestros niños obtengan buenas calificaciones en cuestionarios. La regla para subsanar este error sería: no ha de haber trabajo para casa a menos que sea para producir algo.

Profesor, Salón De Clases, Tablero De Tiza, Hombre

Pensar que como los estudiantes han elegido tu curso, les interesa aprender lo que pretendes enseñarle.

Este es un error clásico en entornos universitarios. Si enseñas sexualidad humana, como encontrar empleo o psicología anómala es muy posible que la audiencia se sienta interesada, pero el resto de contenidos difícilmente motivan al alumnado. Estudiamos títulos, que es algo así como profesiones, pero no contenidos. La meta del alumnado es trabajar en una determinada profesión, no leer exhaustivamente a Cervantes, o resolver sesudas ecuaciones. Satisfacer al profesor es la meta intermedia que puede guiarle a su auténtico anhelo. Pensar que las materias van a motivarles per se es un craso error. Los/as estudiantes se aburren y abandonan a menudo, pero no dejan de conducir un coche por cansancio sin no han llegado a su destino, ni suelen abandonar el partido de fútbol a la mitad, ni dejan tampoco de pedir una cita a esa chica por agotamiento intelectual. Persiguen concienzudamente metas, pero en las materias no hay meta real a alcanzar, no se basan en cosas reales. Puedes estudiar todo el grado de psicología, incluso una inmensa cantidad de horas llamadas “prácticas” sin practicar en ningún momento tu futuro oficio, sólo aprendiendo modelos, hipótesis, revisiones de modelos e hipótesis, revisiones de revisiones, etc.

Personalmente, nunca he leído manuales con tanta fruición como cuando he enfrentado casos reales en mi labor profesional. Si por la naturaleza de mi materia, la universidad no considera correcto que un estudiante inexperto trabaje con niños con problemas psicológicos, ha de simular de forma muy veraz y motivadora que lo hago, de lo contrario, aprender listados y listados de síntomas, de autores, de intervenciones que no se comprenden porque falta la parte aplicada, que es la que define propiamente una intervención, no servirá de nada. Schank lo comenta de este modo, puedes aprender a volar en un simulador en vez de volando, pero ha de ser un buen simulador, de lo contrario no te vas a motivar, y además puedes estrellarte luego.

La regla sería: enseñemos a los estudiantes aquello que realmente necesiten saber cuando acaben su formación.

Corregir a un estudiante que no trabaja diciéndole lo que tiene que hacer.

Estamos enseñando algo a alguien y hace algo mal, hazlo de nuevo le decimos, en qué te has equivocado. Parece lógico, pero casi ningún profesor lo hace. ¿Qué crees que pasó? ¿Por qué supones que pasó? ¿Qué podías haber hecho? No son frases que se suelan pronunciar en nuestras escuelas

Las explicaciones que uno genera por sí mismo se recuerdan más fácilmente que cualquier cosa que le podamos decir. La regla sería: ayuda a encontrar explicaciones propias sobre las equivocaciones.

Pensar que un estudiante recordará lo que se le acaba de enseñar.

He dicho “x” miles de veces y aún se olvidan o no prestan atención, etc. Pasan miles cosas por la cabeza de un estudiante mientras escucha a su profesor: las percepciones de sus amigos o lo que ocurre en sus casas entre otras. La regla sería: no se ha de asumir jamás que un estudiante escucha lo que se le dice y aún menos que ese comentario realmente le interesa. El alumno ha de buscar su propia conclusión.

Cerebro, Encienda, Educación, Lectura, Libro, Escuela

Lo que hace el/la buen docente.

Tras haber mencionado varios errores fundamentales en la interacción alumnado-profesorado, pueden deducirse algunas estrategias que compondrían una buena metología pedagógica. Así, un buen profesor, según Schank, hace lo siguiente:

- Nunca le dice a un estudiante nada que él piense que es verdad.
– No se permite ser el juez último de sus estudiantes.
– Enseña primero la práctica y luego la teoría.
– No pide listas de conocimientos que todo estudiante debe conocer.
– No enseña nada que no puede explicar la utilidad de aprenderlo.
– No pone deberes si su finalidad no es producir algo.
– Agrupa a los estudiantes por intereses y habilidades, no por edades.
– Las recompensas son intrínsecas
– Anima a los estudiantes a dar sus propias explicaciones cuando comenten un error
– Nunca asumen que un estudiante escucha lo que le dice.
– Nunca asume que el estudiante hará algo si esto o se relaciona como una “meta” que desea alcanzar.
– No permite que el objetivo del estudiante sea “agradar al profesor”.
– Se gana el respeto de los estudiantes por las habilidades que demuestra.
– Motiva a los estudiantes a actuar mejor y no les ayuda a hacerlo mejor.
– Entiende que su trabajo es conseguir los estudiantes produzcan algo.
– Entiende que son las experiencias, no los profesores, las que cambian el sistema de creencias.
– Confunde a los estudiantes.
– No espera que le felicitan por enseñar bien .


NOTA
Esta entrada ha sido tomada del libro “Enseñando a Pensar. El método revolucionario de aprender con casos reales” de Roger Schank, publicado por la Editorial ERASMUS, en su colección Pensamiento del Presente, Barcelona, 2013.