El descubrimiento de la Infancia.

La creación del concepto actual de infancia, con las repercusiones prácticas que conlleva, asemeja el descubrimiento de un continente. Salvo llegadas accidentales o visionarias, como sucediera con la visita de los vikingos a América, no es hasta el siglo XIX que el concepto moderno de infancia es descubierto. Pero aún entonces queda mucho por recorrer. Se trata de un continente desconocido en el que aun figura la inscripción de terra incógnita sobre sus mapas incipientes. Es la era de Rosseau, Pestalozzi o Tiedeman. El reloj continúa avanzando y poco a poco la infancia es reconocida y definida como un territorio. Los primeros geógrafos sistemáticos comienzan a delimitar valles, montañas y mesetas. Son ahora los tiempos de Freud o Binet. Llegan luego pioneras, como Jebb o Montessori que tratan de construir una vida justa y apacible en sus dominios. La infancia que hoy conocemos es un continente recién descubierto.

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La definición de infancia es más reciente de lo que parece.

El reconocimiento del maltrato infantil es un ejemplo clarificador sobre la construcción de la nueva definición y sus implicaciones tangibles en la vida de una sociedad. El lector ha de tener en cuenta que mientras no existe una definición socialmente consensuada sobre la niñez el maltrato infantil, aun existiendo, es ignorado por la sociedad, no en el sentido de no ser considerado importante, sino que sencillamente no es percibido.

Hasta finales de la década de 1969 el mundo médico no acuerda, y con ello da carta de existencia, el maltrato físico sobre la infancia como algo real y reconocible. Este hecho se produce alrededor de un artículo publicado por el pediatra norteamericano Henry Kempe, que acuña el término de “síndrome del niño golpeado”. Hasta entonces el maltrato físico a los niños era prácticamente impensable, salvo en casos francamente excepcionales. Para ello era necesaria una definición de la infancia como un periodo separado de la edad adulta, una definición que reconociendo su autonomía permitiera adscribirles derechos concretos, fundada en una nueva visión capaz de deconstruir el adultocentrismo hasta entonces invisible, y que situara a los niños y niñas como protagonistas de su propia historia.

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Durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX las muertes de niños propiciadas por brutales maltratos físicos eran consignadas de las más diversas formas, pero siempre excluyendo algo hasta entonces inconcebible: el maltrato a manos del adulto. El raquitismo que debilita los huesos produciendo fracturas ante el más mínimo contacto es unas de las razones esgrimidas por un director del Hospital de Niños de Londres a finales del siglo XIX. La revisión actual de los archivos del hospital detecta la defunción de 3926 niños menores de cinco años que son clasificados como “muerte accidental”. Sólo 200 de los casos se clasifican como “homicidio involuntario”. La revisión de los archivos llevada a cabo por el ya citado Kempe en 1978, adscribe la totalidad de los casos al maltrato infantil. Sencillamente, la mentalidad de la época era incapaz de concebir lo que hoy definimos como tal. Eran necesarias profundas transformaciones sociales que ayudaran a pensar al individuo en la propia existencia de la infancia.

Así, el concepto de infancia, con las innumerables consecuencias prácticas que de él se derivan, es mucho más moderno de lo que solemos pensar. Nuestra relación con la niñez ha sufrido una gran transformación en las últimas décadas. Las actuales pautas de crianza, el reconocimiento de sus derechos, las políticas de protección… todo ha sido profundamente transformado en los últimos decenios en gran parte del mundo. Sobre la construcción de la actual definición de infancia se basa esta entrada. Todo profesional, sea en labores pedagógicas, asistenciales, sociales, sanitarias, etc. que trabaje con la niñez, está profundamente condicionado en su labor por el consenso social acerca de lo que se entiende como tal. Por eso es vital reflexionar y conocer de cerca su historia reciente. Pero también condiciona la actuación de madres y padres, de familiares, en definitiva, de cada miembro de la sociedad en su relación con la “tribu” a la que pertenece.

La construcción del concepto de infancia.De la antigüedad a nuestros días.

Para iniciar este breve recorrido sobre el concepto de infancia, pensemos en el valor que se otorga a la vida del niño respecto a la del adulto. Durante gran parte de la historia europea el infanticidio es práctica habitual. Se realiza fundamentalmente con niños deformes o con algún defecto físico, con hijos ilegítimos o producto de relaciones adúlteras de la mujer y por falta de recursos económicos para mantenerlos.

Pertenecía al padre la capacidad de aceptar o rechazar al hijo. En la antigua Roma, en caso de que no lo reconociera podía abandonarlo en la calle para quien quisiera hacer uso de él. El proceso llamado “exposición del bebé” da origen al término “niños expósitos”.

Dicha práctica era especialmente común con las niñas. La carta de un heleno a su mujer el año uno antes de Cristo recoge la siguiente frase: “Si llegas a tener un hijo (¡toco madera para que así sea!), déjalo vivir; si es una niña, deshazte de ella”. No es hasta el siglo IV que por primera vez el infanticidio se asimila al asesinato, aunque se siguiera practicando abundantemente durante varios siglos después.

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Es necesario tener en cuenta, que durante la Antigüedad y la Edad Media, la mortandad infantil es muy elevada. Las enfermedades, la malnutrición y las negligencias o maltratos acaban con la gran mayoría de los niños en sus primeros años. Hasta que no se alcanzaban los cinco o seis años de edad no se comienza a estimar al niño como algo alguien digno de ser tenido realmente en cuenta. Abundante documentación refleja abusos diversos y prácticas en las que el niño es “objeto” diversión durante este amplio periodo.

Respecto a la definición más teórica de la infancia, durante la Edad Media la idea está fundamentalmente mediatizada por la omnipresencia del cristianismo, por la que el niño es concebido bajo el signo del pecado original, un ser corrupto y perverso que ha de ser progresivamente socializado. En gran parte la educación es un sistema de enderezamiento por el que mediante la disciplina y el castigo el niño abandona su naturaleza bestializada y va ganando humanidad. “No hay peor estado, más vil y abyecto, después del de la muerte, que la infancia” escribía el Abad Bérulle. “Sólo el tiempo puede curar de la niñez y de sus imperfecciones” sentenciaba Tomás de Aquino.

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Durante el periodo que lleva del Renacimiento al siglo XVII, Erasmo, Luis Vives o Comerius protagonizan diversos acercamientos al concepto de infancia que van a modificar la perspectiva general. Cuestiones como la educación de “anormales”, la adaptación de la educación según casos individuales, algunas propuestas de educar tanto a niñas como a niños, o el reconocimiento del papel educativo que juega la madre son solo algunos ejemplos de ello. Locke defiende la importancia que la experiencia y los hábitos tienen en la conformación del individuo, acuñando la famosa expresión “tábula rasa” para definir el estado del recién nacido.

En el siglo XV se produce un avance en el proceso de definición de la infancia. Si bien existen definiciones formales del niño como “propiedad”, s e trata de una propiedad indefensa que ha de estar al cuidado de alguien.

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Siguiendo a Puerto Santos, no es hasta el siglo XVI que la literatura recoge una visión más humanizada, en la que el niño es descrito como “pequeño adulto” u “hombre por hacer”, “inacabado” y no tanto ya como una “propiedad”. La profunda pobreza en la que viven la inmensa mayoría lleva a la incorporación al trabajo de los niños a partir de los cinco años. Se tiene constancia de que en el siglo XIV las niñas de familias pobres son entregadas como sirvientas a los seis años. El niño es “esclavo del adulto” pues es propiedad de los padres, tanto en Babilonia, Grecia como en la Europa medieval. En el siglo XII la Iglesia prohíbe por decreto la venta de los hijos pasados los siete años. Rusia no lo hará explícitamente de un modo legal hasta el siglo XIX.

Curiosamente en lo que se refiere a la presencia de la infancia en el arte, las primeras efigies mortuorias de niños no aparecen hasta el siglo XVI. Los procesos de duelo asociados a la muerte de un niño guardan hasta entonces más similitud con el fallecimiento de un animal doméstico que con el de un hombre. El arte medieval no representa la infancia. Los niños son retratados como hombres minúsculos, sin rasgos propiamente infantiles, compartiendo la musculatura y proporciones del adulto. Así será por toda Europa salvo los casos de idealización de la infancia en el arte por parte de los griegos.

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En el siglo XVII comienzan a predominar las visiones de la infancia como un periodo de “bondad innata” aun incorrupta, basadas en el concepto de inocencia, de los primeros años inmaculados. Se dice del infante que es “como un ángel”, hasta culminar en el siglo XVIII con la figura de Rosseau, que encarna de forma paradigmática una renovada forma de acercamiento y comprensión del niño. El niño es bueno por naturaleza y la sociedad ha de pervertirlo. “El pequeño del hombre no es simplemente un hombre pequeño” afirma.
Pestalozzi, Froebel o Tiedeman protagonizan importantes innovaciones pedagógicas defendiendo el contacto padres-hijos, la continuidad hogar-escuela-comunidad o defendiendo la importancia educativa del juego.

A partir del siglo XVIII comienzan las observaciones sistemáticas del niño. Se estudian con detenimiento casos especiales como “niños salvajes” o “superdotados”. La aparición de las teorías evolucionistas impactan también sobre la incipiente observación científica del niño y sobre la pedagogía. Cuando el siglo XIX alcanza su ecuador existen en varios lugares de Europa enconados debates acerca de la pertinencia o no de determinados estilos de crianza. Aparece la posibilidad de una educación obligatoria generalizada.

Al inicio del siglo XX Binet y Simón realizan, para la elaboración de un test de inteligencia, la primera observación altamente sistematizada del desarrollo infantil. Las ideas freudianas comienzan a expandirse en Europa, revolucionando la visión de la infancia y su importancia en la vida posterior del adulto y su sociedad. El debate educativo entre la perspectiva autoritaria calvinista de los países anglosajones y la permisiva de los rousseanos franceses cobra especial fuerza.

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Hay también que tener en cuenta que las condiciones socio-económicas se ven convulsionadas durante la Revolución Industrial. Durante este periodo disminuye considerablemente la necesidad de mano de obra infantil. Emerge la burguesía y una clase de niños que dejan de tener que ir a trabajar, niños a los que les quedan “demasiadas horas de ocio”. Emergen las ciudades modernas y un estilo de casas unifamiliares, que unida a una nueva gestión del tiempo, promueve un mayor y más estrecho contacto entre padres e hijos.

De acuerdo con Leonor Jaramillo, no es hasta el siglo XX que “El movimiento de la modernidad empieza a concebir la infancia como una categoría que encierra un mundo de experiencias y expectativas distintas a las del mundo adulto”, hecho que culmina con el reconocimiento del niño como sujeto de derecho. Al definírsele como tal, “se reconoce en la infancia el estatus de persona y de ciudadano… con obligaciones y derechos como todos los actores sociales.”Los hitos que llevan a dicha concepción son el objeto del siguiente apartado. Para ello recogemos el esquema divulgativo facilitado por la UNESCO.

Niñas y niños como sujetos de derechos.

1919
El reconocimiento jurídico internacional de los derechos de la niñez le debe mucho a una mujer inglesa, Eglantyne Jebb. Ella es quien pone en marcha Save the Children Fund, como respuesta a la miseria en que la guerra hunde a miles de niños de Europa. Aspira a algo más que un socorro inmediato y, en 1920, se traslada a Ginebra para crear Save the Children International Union (que más tarde se convertiría en la Unión Internacional de Protección de la Infancia).

1924
La Sociedad de Naciones aprueba la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, redactada por la Unión Internacional de Protección de la Infancia. La Declaración establece que el niño tiene derecho al desarrollo material, moral y espiritual; a recibir ayuda especial cuando está hambriento, enfermo, discapacitado o huérfano; a que se le socorra en primer lugar en situaciones graves; a quedar exento de cualquier explotación económica y a recibir una educación que le inculque un cierto sentido de responsabilidad social.

1948
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo artículo 25 se refiere al niño como poseedor de “derecho a cuidados y asistencia especiales”.

1959
La Asamblea General de las Naciones unidas aprueba la Declaración sobre los Derechos del Niño, que reconoce derechos como el derecho a no ser discriminado y el derecho a tener un nombre y una nacionalidad. También consagra en la práctica los derechos de la infancia a la educación, a la atención de la salud y a la protección especial.

1979
Las Naciones Unidas declaran 1979 Año Internacional del Niño. El mayor logro del Año es poner en marcha un proceso de mayor significación a largo plazo: la Asamblea General acuerda que se establezca un grupo de trabajo compuesto por miembros de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, por expertos independientes y por delegaciones observadoras de Estados que no son miembros de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y organismos de las Naciones Unidas, con el fin de redactar una Convención que sea jurídicamente vinculante.

1989
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba por unanimidad la Convención sobre los Derechos del Niño, que entra en vigor al año siguiente.

1990
Se celebra en Nueva York la Cumbre Mundial en favor de la Infancia. A ella asisten 71 Jefes de Estado y de Gobierno. Los dirigentes mundiales firman la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño, así como un Plan de Acción para aplicar la Declaración, que establece metas que deben lograrse para el año 2000.

1994
El Año Internacional de la Familia reafirma que los programas deberán apoyar a las familias, que son las que alimentan y protegen a los niños, en vez de ofrecer sustitutivos a dichas funciones.

1999
Se aprueba el Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación (Convenio Nº 182 de la OIT).

2000
Los objetivos de desarrollo del Milenio incorporan metas específicas relacionadas con la infancia, entre ellas la reducción de la mortalidad mundial de niños menores de cinco años en dos terceras partes, y el logro de la educación básica universal a lo largo del período comprendido entre 1990 y 2015. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba dos Protocolos Facultativos de la Convención sobre los Derechos del Niño: uno sobre la participación de los niños en conflictos armados, y otro sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía.

2002
La Asamblea General de las Naciones Unidas celebra un Período Extraordinario de Sesiones sobre la Infancia, reuniéndose por primera vez para debatir específicamente cuestiones relacionadas con la infancia. Cientos de niños participan formando parte de las delegaciones oficiales. Los dirigentes mundiales se comprometen a crear “Un mundo apropiado para los niños”, y reafirman que la familia tiene la responsabilidad básica de la protección, la crianza y el desarrollo del niño, y que tiene derecho a recibir una protección y un apoyo integrales.

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La convención de los derechos del niño.

Como hemos visto en la cronología anterior, 1989 es un año de capital importancia en la definición social de la infancia y en las repercusiones prácticas que se derivan del nuevo entendimiento de dicho periodo del desarrollo humano.

En 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.

La Convención es el primer tratado internacional de derechos humanos que combina en un instrumento único una serie de normas universales relativas a la infancia, y el primero en considerar los derechos de la niñez como una exigencia con fuerza jurídica obligatoria.

La Convención:

• Definió la infancia como un espacio separado de la edad adulta y reconoció que lo que resulta apropiado para los adultos puede no ser adecuado para la infancia.
• Exhortó a los gobiernos a que proporcionen asistencia material y apoyo a las familias y eviten la separación de los niños y sus familias.
• Reconoció que los niños y las niñas son titulares de sus propios derechos y por tanto no son receptores pasivos de la caridad, sino protagonistas con la facultad para participar en su propio desarrollo.

La infancia maltratada.

Comenzamos la entrada describiendo el cambio de paradigma que fue necesario para que el maltrato infantil fuera siquiera concebible. La historia del reconocimiento social del maltrato y las prácticas de protección consecuentes son un ejemplo clarificador de la evolución del concepto de infancia.

Existe un acuerdo considerable entre los investigadores en reconocer el siglo XIX como el primer momento en que existe una auténtica preocupación de varios sectores de la sociedad por la suerte de los niños, sobre los cuidados que les eran necesarios y sobre la responsabilidad social de su mantenimiento. Puede comprobarse de forma palpable en las relaciones laborales de los niños durante la Revolución Industrial. Progresivamente, en los países más industrializado, fue prohibiéndose el trabajo a los menores de die años, luego a los de doce y finalmente a los de catorce.

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Barudy nos recuerda que siempre hubo pioneros que abogaron por el cuidado de la infancia y la responsabilidad social de su protección, como el caso de Platón que defendía el juego como la forma más apropiada de instrucción para los maestros de escuela. Sin embargo, estas excepciones chocaban con una sólida techumbre cultural de signo contrario.

Los signos más claros de una transformación sociocultural en este sentido se aprecian en la creación de los “Movimientos para el bienestar del niño”, fundados en 1820 en los países anglosajones. En 1825 una asociación neoyorquina crea la primera casa para la reeducación de niños delincuentes, con el objeto de evitar su contacto con los delincuentes adultos de las cárceles. Más tarde se crean centros para niños que han padecido maltrato o abandono.

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Como comentamos con anterioridad, estas transformaciones fueron generando un lecho en que las investigaciones de Kempe sobre el maltrato fueron bien acogidas. Como nos recuerda Barudy: <<El maltrato “solo existe” desde que los observadores distinguieron, en el marco de sus interacciones, un fenómeno que les preocupó, lo nombraron y lo definieron verbalmente. Para que el maltrato exista fue necesario que ese “descubrimiento” se transformara en un fenómeno social, es decir, que fuera reconocido en el interior de un contexto de interacción social cada vez más amplio, como es toda la comunidad>>.

Como hemos visto, el concepto moderno de infancia y su incidencia en las formas de crianza, educación y atención a todos los niveles es más reciente de lo que la mayoría de la gente pudiera llegar a intuir. Creemos que tomar conciencia de ese largo itinerario puede ayudarnos a reflexionar nuestras formas de relacionarnos profesional y personalmente con la infancia.


NOTAS:

– Recomendamos a quienes tengan interés en ampliar su información sobre el maltrato infantil, la obra “El dolor invisible de la infancia. Una lectura ecosistémica del maltrato infantil”, escrita por Jorge Barudy en Paidos Terapia Familiar. Una obra imprescindible y de gran profundidad.

– La historia del concepto de infancia se ha basado fundamentalmente en dos artículos. “El concepto de la Infancia a lo largo de la Historia” de la profesora Ileana Enesco, que puede consultarse en su página personal del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Y el artículo “Concepción de Infancia” de Leonor Jaramillo, publicado en la Revista del Instituto de Estudios Superiores en Educación Universidad del Norte, en 2007, nº8.

– El apartado “Niñas y niños como sujetos de derecho” es la transcripción literal del texto que puede encontrarse ampliado en la página de UNICEF:

http://www.unicef.org/spanish/sowc05/childhooddefined.html