Técnicas de Meditación para niños y familias de Thich Nhat Hanh

Esta entrada reúne varias de las prácticas meditativas recomendadas por el maestro zen Thich Nhat Hanh para realizar con niñas y niños o en familia. Son prácticas profundas que pueden incrementar el bienestar de quienes las realizan. Incorporarlas a nuestra vida cotidiana puede transformar el sufrimiento.

Thich Nhat Hanh es un maestro budista de origen vietnamita asentado en Francia. Lleva años dedicado a promover y enseñar prácticas de atención plena, defendiendo que una mayor consciencia es el camino para transformarnos positivamente, tanto a nosotros mismos como a la sociedad. Las prácticas aquí reunidas son lo que su propio nombre indica, eminentemente prácticas. Se trata de técnicas que ha probado él mismo y en su propia comunidad y que se han demostrado eficaces en su trabajo con niñas, niños y sus familias.

En el libro, titulado en español, “Felicidad, prácticas esenciales de mindfulness” se recopilan una gran cantidad de ellas. En dicho libro se encuentra un apartado dedicado a la práctica con niños. De allí hemos obtenido el resumen que deseamos compartir.

niña sopla

1. La comunicación en la familia. La familia como sangha

En muchas ocasiones, madres, padres, hermanos mayores, educadores, etc. pensamos que los niños no tienen suficiente experiencia, por lo que sus pensamientos y voluntad no son auténticamente importantes. Nosotros sabemos mejor que los niños como han de ser las cosas. Pero el amor verdadero brota de la comprensión. Un amor que no nace del entendimiento genuino es dañino, ya que podemos estar generando sufrimiento cuando deseamos hacer e bien. “El camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones”, escribía Nietzsche, y así puede suceder cuando se trata de los niños. Creemos que sabemos lo mejor para ellos, pero ¿podemos saberlo auténticamente si no practicamos una escucha atenta? En este sentido la comunicación es imprescindible. Cuando las puertas de la comunicación se cierran madres y padres, hijos e hijas, hermanos y hermanas, todos sufren. Para evitarlo, Thich Nhat Hanh nos recomienda mantener un encuentro semanal y convertir la familia en una sangha, una comunidad de practicantes budistas. Hablar en ese encuentro de nuestras emociones y necesidades, de lo que sentimos sobre nosotros mismos y los otros. No es necesario, nos recuerda, convertirnos al budismo, convertir nuestro hogar en la extraña versión de un monasterio, simplemente se trata de vivir con atención y establecer prácticas que pueden sernos de ayuda.

encuentro familiar

Trabajando como mediador familiar con adolescentes me he dado cuenta de que los conflictos tienden a amainar cuando las familias restablecen las vías de comunicación y aprenden a escucharse y hablarse. Usualmente se trata simplemente de eso. A veces, las familias comentan que en las sesiones se comprenden, se sorprenden incluso de ello, pero que al salir todo vuelve a ser lo mismo, se reinstaura la cotidiana dinámica del conflicto. Sin embargo, conforme avanzan las sesiones, poco a poco van aprendiendo, o reaprendiendo la capacidad de establecer una comunicación sincera con los otros miembros de la familia más allá de los encuentros en consulta y la intervención de un tercero ajeno al núcleo familiar. De este modo, y poco a poco, va expandiéndose al funcionamiento del hogar. Cuando esta generalización ha sucedido y comienza a asentarse la terapia o mediación va tocando a su fin y suelen manifestar un temor: “¿Sucederá de nuevo lo mismo?” ¿Se mantendrá la comunicación sin sesiones periódicas mediadas por un tercero neutral? La consigna es crear un espacio de mediación que ellos mismos gestionen. Yo suelo invitarles, tal y como hacían al acudir a nosotros, a crearlos fuera de la casa. Donde está la familia está el hogar. No tiene porque ser entre las paredes donde viven cotidianamente, esto puede ayudarle s a tomar distancia de las energías y recuerdos que impregnan el lugar donde realizan la vida cotidiana. De este modo, pueden ayudarse de tomar cierta distancia, acudiendo al parque p a una cafetería o a cualquier lugar en el que puedan conversar y todos estén a gusto para expresa lo que sienten, lo que necesitan, sus temores y deseos, sus anhelos y orgullos, su amor al cabo.

Thich Nhat Hanh recomienda esto centrándose en dos prácticas fundamentales dentro del budismo: el habla amorosa y la escucha atenta. Ambas son fuentes de comprensión, reducen el sufrimiento y estimulan un desarrollo sano e integral.

2. La escucha atenta y el habla amorosa.

Como padres podemos usar el lenguaje del amor o el de la autoridad. El primero nace de una escucha profunda, de un genuino entendimiento de las dificultades, ansiedades y sufrimientos del otro. Si no comprendemos a nuestros hijos difícilmente podremos establecer una comunicación genuina con ellos. A veces sólo oímos nuestro propio rumor cuando les hablamos, nuestras ideas y prejuicios sobre el mundo y las personas, nuestra propia experiencia pero no la de ellos. Anteponemos nuestro propio conocimiento, los estereotipos que nos hemos formado sobre ellos (estudioso, desorganizada, inteligente, perezoso, tímida, etc) antes que los hechos sin más. Oímos las palabras que deseamos escuchar (siempre miente, exagera, está minimizando lo ocurrido, etc) más que lo que auténticamente nos cuentan. Como comentábamos, anteponemos nuestro conocimiento, enteramente subjetivo, a los hechos y sus palabras, las de ellos y ellas, las de nuestras alumnas, hijos, hermanas, etc.

escucha

Es por esto que Thich Nhat Hanh recomienda dos prácticas de gran profundidad. La escucha profunda y habla amorosa. Ambas se retroalimentan. Sólo si cultivamos la capacidad de oír sin más, sin contaminar todo lo que observamos con el velo de nuestras ideas preconcebidas, podremos hablar desde el amor y la comprensión. Y cuando comencemos a hablar desde el amor, aprenderemos a escuchar sin dejarnos guiar por los prejuicios y las ideas preconcebidas. Les prestaremos atención sólo a ellos, a los niños y niñas con los que nos relacionamos y nuestro respeto será profundo con su individualidad, con el milagro único y genuino que representan.

3. Meditación caminando con niños.

La práctica de la tención mientras caminamos tiene un sentido profundo en la tradición zen y Thich Nhat Hanh ha escrito múltiples páginas y enseñado en multitud de lugares a practicar la forma correcta de hacerlo. Si caminamos cultivando la plena consciencia acompañado de un niño él percibirá nuestra concentración y estabilidad. A veces los niños correrán de nuestro lado, adelantándonos. Nosotros percibiremos su frescura y su inocencia. Le recordaremos la posibilidad de prestar atención a cada uno de nuestros pasos.

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En Plum Village, una comunidad de practicantes en Francia en la que reside Thich Nhat Hanh , han desarrollado un método para practicar este tipo de meditación con niños. Cuando pasean los niños dicen “si, si, si” al inspirar y “gracias, gracias, gracias” al expirar. Con ello responden positivamente a la vida, la sociedad y la Tierra. También dan las gracias. Esta actividad suele gustarles mucho. Thich Nhat Hanh trata de trasmitirles este mensaje “cada uno de tus pasos te ayuda a llegar ¿Adónde? Al momento presente, al aquí y ahora. Y es que, para ser feliz, no necesitas absolutamente nada”. Si caminan con esa actitud, están practicando la meditación caminando.

4. Gestionar la ira. Respirando juntos.

Thich Nhat Hanh nos recuerda que las emociones son como las tormentas: llegan, permanecen un tiempo, a veces breve, a veces algo más largo, y luego acaban escampando. Cuando llegan, los niños están a merced de la tormenta. Sin embargo, como adultos podemos reconocer la tormenta, abrazarla y sonreír y hemos de trasmitir esta posibilidad a los niños. Fundamentalmente, necesitamos ejercer una atención focalizada sobre nuestra respiración y compartir la utilidad de este método con los niños.
Cuando un niño se siente desbordado por la emoción podemos sostenerle en brazos, tomarle de la mano e invitarle a practicar con nosotros. Al hacer esto compartimos con él nuestra estabilidad. Le invitamos a respirar juntos. Al inspirar nuestro vientre se expande, al espirar se contrae. Continuamos inspirando y espirando, atentos al vientre. Respiremos lentamente, juntos, hasta que la respiración del niño se hace más fuerte y pausada. Si nosotros permanecemos estables puede tomar de nosotros esa estabilidad, de este modo la espiración va aligerándose y la mente comienza a tranquilizarse.

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5. Gestionar emociones intensas. Llevar un guijarro

Para los niños y niñas que se enfadan con frecuencia Thich Nhat Hanh propone que lleven consigo un pequeño guijarro e ir a algún lugar especial dentro o fuera de la casa: bajo un determinado árbol, sobre una determinada alfombra, en algún lugar agradable de su habitación y decir: “Aquí está mi guijarro. Voy a practicar con él porque hoy tengo un mal día. Cada vez que me sienta enfadado o molesto lo tomaré con la mano y respiraré profundamente. Haré esto hasta que me tranquilice.” Hemos de enseñar al niño a llevar el guijarro en el bolsillo durante el día. Cuando se sienta enfadado puede tomarlo y decir: “inspiro y sé que estoy enfadado, espiro y cuido de mi rabia”. El enfado puede permanecer pero se sienten seguros. Al hacerlo durante un rato podrá calmarse y llegar a sonreír. “Inspiro y veo la rabia, espiro y sonrío”. Cuando es capaz de sonreír puede guardar el guijarro. Thich Nhat Hanh afirma que la atención plena actúa como las rayos del sol, no es necesario esforzarse, simplemente cuando sus rayos atraviesan algo ese algo cambia. La flor se abre al recibir el sol. La rabia se disipa cuando le prestamos atención. Frente al miedo o el enfado, los niños pueden practicar de este modo.

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6. Comida en familia.

Thich Nhat Hanh cuenta que preguntó a unos niños cuál era el propósito de desayunar. Uno le dijo que se hacía para tener fuerzas durante todo el día. Otro le contesto que el fin de desayunar era desayunar. Ese niño estaba en lo cierto, afirma Thich Nhat Hanh, pues el propósito de comer es comer. Para cultivar la armonía, recomienda en la medida de lo posible comer en familia al menos una vez al día

Antes de iniciar la comida también recomienda respirar silenciosamente, inspirar y espirar con atención al menos tres veces, mirar a los otros, darnos cuenta de que están allí, reconociendo su presencia. Prestamos entonces atención a seis contemplaciones:

1ª. El alimento es un regalo de todo el universo, de la tierra, la lluvia y el sol.

2º. Agradecemos a las personas que han hecho posible que el alimento esté allí, sean vendedores, agricultores o cocineros.

3º Sólo nos servimos la cantidad que vamos a comer.

4ª Masticamos con lentitud, atentos a los sabores y sensaciones de la comida, disfrutándola.

5º De ella tomamos energía para vivir, para amar y comprender.

6º Comemos para ser sanos y felices y amar a los demás como si fueran de nuestra familia.

Thich Nhat Hanh nos invita a compartir estas contemplaciones con los niños. Prestar atención durante la comida es ser amable con todas las personas que la han hecho posible. Si comemos distraídos y ausentes es como si despreciáramos s a todas las personas y circunstancias que han hecho posible que el alimento llegue a nuestra mesa. Además, si también escogemos con atención lo que comemos, de forma que sea saludable, incrementaremos nuestro bienestar.

comida familiar

7. Invitar a la campana a sonar.

Thich Nhat Hanh, basándose en su experiencia de que cuando un grupo de personas respira unidas, sosteniendo su atención conjuntamente se produce un maravillo tipo de energía, ha ideado esta práctica de invitar a sonar. Se trata de tener una campana en casa o en clase. Todo integrante de la familia tiene derecho a hacerla sonar, con ello invita al resto de la familia a inspirar y espirar atentamente tres veces. Si alguien está enfadado o llora, sea madre, hijo o hermana, cualquier miembro puede invitar a la campana a sonar. Thich Nhat Hanh afirma que una sola semana de esta práctica puede incrementar el sosiego y el bienestar de una familia considerablemente.

Trabajando con niñas y niños en terapias de grupo suelo tener una campana o cuenco con sonido envolvente. Con ceremonia y atención la invito a sonar e invito a los niños a respirar conmigo, a volver al presente. Hago esto varias veces. Cuando la práctica se ha asentado y las situaciones se vuelven tensas, crispadas, o sencillamente alguien lo necesita o todos nos hemos dispersado en exceso evadiéndonos de la situación, podemos invitar a la campana a sonar. He podido comprobar que los niños suelen participar con agrado de esta práctica, especialmente si el sonido es cálido y envolvente, así de cómo todo el grupo nos beneficiamos de ella. En ocasiones, cuando he trabajado fuera o no me era conveniente llevar conmigo la campana, he llegado a llevar una aplicación del móvil en la que basta tocar con el dedo la imagen de una para que suene una reproducción bastante exacta del sonido. Esta práctica es capaz de contener las emociones del grupo y crear un productivo espacio de calma.

Thich Nhat Hanh realiza esta práctica con una enorme profundidad. Nos describe y recomienda su modo de hacerlo. Cuando invita a la campana a sonar tiene en mente un poema que le recuerda que cuerpo, palabra y mente han de estar en perfecta unidad, que su corazón viaja con el sonido y desea que quienes lo escuchen pueden trascender su sufrimiento. Tañe a medias la campana para que la gente puede prepararse. Luego comienza a tocar dando tiempo a que se inspire y espire tres veces. Escuchar atentamente el sonido y respirar, afirma, nos devuelve al presente, a nuestro verdadero hogar. Tres veces invita a la campana a sonar, dando tiempo suficiente para que quienes escuchan puedan realizar las tres respiraciones. La última invitación es la más larga. Afirma que puede escuchar la campana durante una hora o más, que hacerlo le nutre y sana.

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8. La habitación de respirar.

Thich Nhat Hanh nos cuenta una ocasión en la que preguntó a un niño qué hacía cuando sus padres se enfadaban y que éste le contestó: “cuando se ponen así sólo tengo ganas de escapar”. Y este es un buen ejemplo del sentir de muchas niñas y niños. Para esto recomienda la siguiente práctica. Cuando la familia está en un buen momento puede plantearse la posibilidad de crear una habitación o rincón para respirar. Un lugar agradable, para el que puede bastar una mesilla y una flor si la casa no es tan espaciosa como para reservar una estancia para ello. Cuando se enfaden han de acudir allí, invitar a la campana a sonar y respirar. Toda la familia ha de estar de acuerdo en ello y comprometerse, incluso puede realizarse un contrato que firme cada miembro de la familia. Thich Nhat Hanh cuenta que la naturalidad de los más pequeños suele jugar un papel de gran utilidad para sus padres. Cuando estos se enfadan y se ha de acudir a la sala de respirar uno suele estar en desacuerdo, atrapado en la emoción. Entonces muchos niños tienden a animarles hablando de acudir a la habitación de respirar. Este hecho suele hacerles tomar conciencia de lo que está sintiendo y prestar la atención correcta que puede transformarlo. Thich Nhat Hanh sugiere tres meses de esta práctica para comprobar cómo puede llegar a mejorar el clima familiar, así como sanar las heridas del corazón de los niños.

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9. El pastel de la nevera

Cuando un niño ve que sus padres están a punto de perder los estribos puede decirles algo del tipo: “¿te acuerdas del pastel que tenemos en la nevera?”. No se trata de un pastel real, simplemente de una consigna, una frase cotidiana que adquiere un valor simbólico. Como afirma Thich Nhat Hanh , se trata de un pastel que nunca se acaba. Cuando la madre, el padre o el abuelo escuchan esas palabras tiene la oportunidad de salir literalmente de la situación, apartarse de la discusión o la situación y tomando distancia tratar de serenarse. Luego, sosegados, pueden incluso preparar un pastel o algo que lo sustituya, algo apetecible a compartir. Se trata de una práctica para cuando aun no se tiene una campana o un lugar para respirar.

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10. La meditación de la naranja

A veces comemos una naranja y no estamos comiendo una naranja, sino una discusión pasada o una tarea por hacer. Saboreamos lo que nos ha dicho nuestro jefe o la pregunta ¿cómo vamos a llegar a fin de mes?, pero no la naranja. La tomamos sin consciencia. Para enseñar a los niños a disfrutar y concentrarse podemos practicar la meditación de la naranja.

Para ello nos sentamos cómoda y establemente. Contemplamos la naranja como contemplamos una obra de arte, o más aun como si se tratara de un fabuloso milagro. Sostenemos la naranja en la mano y nos serenamos respirando consciente y profundamente, Luego contemplamos la naranja. Tratamos de visualizar el naranjo del que procede. Imaginamos la lluvia y el sol, la flor que brota, la lenta transformación hacia la naranja que sostenemos. Así conectamos con el milagro de la vida. Luego la pelamos despacio. Prestamos atención a su tacto y al aroma que desprende. Luego depositamos un gajo en la boca y degustamos su jugo. Comemos así el resto de la naranja, atentos al modo en que el alimento y su sabor se expanden en nuestra boca. Como afirma Thich Nhat Hanh , el naranjo ha tardado unos tres, cuatro o seis meses en crear esa naranja que sostenemos en la mano. Si la comemos si prestar atención es como si la naranja no existiera. Como cuando tomamos un helado viendo la televisión, podemos no darnos cuenta cuando el helado ya ha terminado. Enseñar esta práctica a los niños es hacerles participar del milagro de la vida, del auténtico milagro de la presencia.

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11. Abrazar árboles.

La estabilidad y frescor del árbol tiene mucho que enseñarnos, afirma Thich Nhat Hanh . Recomienda que junto a los niños nos detengamos y toquemos un árbol, da igual que se trate de un roble, manzano o pino. Respiramos conscientes y palpamos atentamente su corteza. Le invitamos a conectar con el árbol y si quiere, puede luego abrazarlo. Thich Nhat Hanh nos recuerda que los árboles nunca rechazan los abrazos. Son fiables, están ahí. También su sombra cuando la necesitamos, esperándonos.

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12. El día de hoy

Existen el día de la madre, del padre, del amor, los santos, los cumpleaños, del trabajo, de la tierra, etc. ¿Por qué no declarar el Día de Hoy?, nos pregunta Thich Nhat Hanh. Para celebrar el Día de Hoy no se piensa en el mañana, sino sólo en lo que estamos haciendo. Cuando jugamos disfrutamos del juego, cuando comemos de la comida. Cuando bebemos sabemos que bebemos. En el Día de Hoy no vivimos preocupados por el resto de los días, pues se trata del día más extraordinario, del único que disponemos. Ayer no está y mañana aun no ha llegado. No existe otro que el Día de Hoy y hemos de celebrarlo, hemos de convertirlo en el día más importante de nuestra vida.

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Notas:

– Como mencionábamos al principio, las prácticas aquí recopiladas se encuentran en el libro: “Felicidad. Prácticas esenciales de plena consciencia.” Escrito por Thich Nhat Hanh y publicado por Editorial Kairos en 2009. En él se reúnen prácticas de minfulness agrupadas como: cotidianas, del comer, físicas, en relación y comunidad, extendidas y con niños.

– Quien desee profundizar en la visión de Thich Nhat Hanh y en su aplicación del budismo para transformar el sufrimiento de nuestras vidas, recomendamos el libro “EL corazón de las enseñanzas de Buda”.

– Si desean acceder a información relacionada con una iniciativa de Thich Nhat Hanh y su comunidad para llevar estas prácticas a las aulas recomendamos leer nuestra anterior entrada:

– Otras prácticas con niños como son “la meditación del guijarro” o “los cuatro mantras” no han sido descritas en esta entrada por no alargarla en exceso, ya que requerían de mayor detalle. Dada su profundidad y utilidad trataremos de dedicar alguna entrada posterior a las mismas.

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